CSMS

DISCAPACIDAD E INTEGRACIÓN
Lic. Mirta De Andreis

PRÓLOGO



“En las culturas primitivas, los locos viven entre los otros seres, tienen su sitio en el pueblo, asumen un papel, aunque sea el de loco y son respetados como tales. En nuestra civilización, no hay lugar para un ser humano incapaz de cierto rendimiento social o escolar determinado”

Maud Mannoni


Las palabras señalan las diferencias. El empleo del lenguaje centrado en la persona, es la forma correcta de referirse a alguien que tiene una capacidad diferente a la mayoría de los integrantes de una comunidad.
A medida que la sensibilidad social frente a los derechos humanos se desarrolla, también progresa la conciencia sobre las sutilezas del lenguaje.
Abordar el tema de la discapacidad, implica tener presente que es imposible apreciar completamente sus causas, procesos y consecuencias sin recurrir al entorno social y a la interacción del sujeto discapacitado con este.
Sabemos que los estudios de un tema específico, habitualmente se encuentran coloreados por la lente de la disciplina que profesa quien emprende su entendimiento.

El abordaje individual y familiar de la discapacidad desde una óptica interdisciplinaria, , permite asomarnos de una manera diferente a esta problemática, vinculándola a la estructura propia y singular de cada sujeto y su familia.

Los primeros enfoques acerca de la discapacidad, su diagnóstico y categorización partieron de un modelo biomédico, atendiendo a las personas según la etiología de su enfermedad, sin entender sus necesidades subjetivas, generando segregación y etiquetamiento.
Entendemos que esta división entre personas “normales y anormales”, se construyó arbitrariamente, en un momento histórico que propició este modelo de intervención y que actualmente aún coexiste con un nuevo enfoque que contempla las diferencias humanas, partiendo del concepto de que el derecho a la vida y al desarrollo de las prácticas sociales cotidianas, debe ser igual para todas las personas.

Una persona con discapacidad, tendrá la posibilidad de integrarse, más o menos adecuadamente, según el ambiente en el que le toque vivir. Comenzando por la familia, el medio educativo, social y laboral de su entorno.
Reconocer los prejuicios, la ignorancia y los mitos que rodean esta problemática, es el primer paso al acercarnos a este tema.


INTRODUCCIÓN

Una persona puede nacer con una deficiencia o puede adquirirla en el curso de su vida. Las discapacidades pueden ser transitorias o permanentes.
Según la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (C.I.D.D.M.) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tenemos las siguientes definiciones:

Deficiencia: Dentro del área de la salud, una deficiencia es toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica.


Discapacidad: Dentro del área de la salud, una discapacidad es toda restricción o ausencia ( debida a una deficiencia ) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que en una determinada cultura, se considera normal para una persona.


Minusvalía: Dentro del área de la salud, minusvalía es una situación desventajosa para un individuo determinado, consecuencia de una deficiencia o de una discapacidad que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso ( según su edad, sexo y otros factores sociales y culturales). La minusvalía surge de la discordancia entre la actuación del individuo y lo que el contexto en el que vive espera de él.

Dentro de este vasto y complejo campo de estudios que comprenden la problemática de la discapacidad, este trabajo de reflexión, se centra en el siguiente aspecto:

  • Analizar desde una perspectiva psicoanalítica, el vínculo que se establece en una familia con el hijo discapacitado, y las múltiples y variadas derivaciones psíquicas, relacionadas en gran parte a este vínculo y que generan, trabas en el conocimiento del hijo discapacitado en cuanto sujeto individual, que siente y desea, más allá de su discapacidad.

Desde donde partir....
Considerando, la complejidad de la problemática de la discapacidad, y la concepción de que la misma debe ser abordada dentro de un marco interdisciplinario, nuestra mirada,como profesionales de la salud mental , abarca las áreas de salud y educación.

Como psicopedagogas trabajo con niños que manifiestan diversos tipos de desviaciones del desarrollo. Observo en algunos casos la existencia de ciertos procesos disarmónicos, que generarían una organización evolutiva con rasgos inestables y que limitarían, no solo, el poder aprender en la institución educativa, sino también, la realización normal de numerosas actividades en la vida cotidiana.
Dentro del ámbito de la psicopedagogía, estamos habituadas a encontrarnos con un discurso que proviene de los padres y que es sostenido también por la institución educativa. Por decirlo de alguna manera, el discurso oficial, que sostiene la sociedad actual, y que valoriza imperativamente, el éxito, la eficiencia, la capacitación y la “sana competencia”.En general observamos que la ansiedad de los padres vinculada al rendimiento escolar, origina frecuentemente, un control y cuestionamiento sobre el niño, acerca de su pase de grado, sus capacidades, su madurez, etc. Frente a la dificultad en la escolaridad, realizan consultas con diferentes profesionales, a veces derivados por los docentes, y los juicios o diagnósticos que se realicen sobre el niño, pueden tener profundas consecuencias y deteriorar el vínculo paterno-filial.
En nuestro abordaje psicopedagógico de los trastornos de aprendizaje, nuestra perspectiva no está centrada en el síntoma y su eliminación, sino en la significación del síntoma.
Se observa desde la práctica clínica, que desde la familia y la escuela, se espera frente a la consulta sobre las dificultades escolares, un diagnóstico que especifique cuál es el déficit cognitivo del niño y qué tratamiento debe seguir. Se busca una explicación simple, unívoca y tranquilizante.
Frente a estas expectativas nos acercamos al niño y sus dificultades de aprendizaje, considerándolas como un malestar a desplegar en el espacio psicopedagógico, en el cual se trabajará sobre el despegue del “rótulo” que carga ( escolar que no puede aprender) para descubrir al niño en su singularidad.
Consideramos que el fracaso escolar afecta al sujeto en su totalidad, dividido por las fuerzas inconscientes que actúan a pesar suyo, agregándose a este sufrimiento, una dimensión característica, que es la
herida narcisística de un niño o adolescente desvalorizado, familiar y socialmente, por no cumplir lo que se espera de él.
La presión social, la demanda de los padres, parece expresar el deseo aplastante del Otro, arrasando el deseo del niño, que queda apresado en la energía libidinal de sus padres y recepcionando las pulsiones y fantasmas de los mismos.
Si el niño se dedica solo a satisfacer esta demanda del Otro, queda apresado en su dominio, no se realiza la separación ( resolución edípica) y no puede constituirse en sujeto de deseo.
Solemos encontrarnos con niños robotizados y adiestrados, capaces de repetir conocimientos, pero incapaces de encontrarles un significado.
Niños capaces de acomodar y ordenar juguetes-objetos pero incapaces de desplegar las alas de su imaginación creativa y singular.
Aprender es desear, no solo comprender. Aprender es actuar, es proyectar desde uno mismo, no desde el deseo ( orden) del Otro.

E-Mail: mdeandreis @ ciudad.com.ar